La vacunación es una forma sencilla, segura y eficaz de protegernos contra enfermedades dañinas antes de entrar en contacto con ellas. Las vacunas ponen en marcha las defensas naturales del organismo y, de ese modo, reducen el riesgo de contraer enfermedades. Actúan desencadenando una respuesta de nuestro sistema inmunitario, que: reconoce al microbio invasor (por ejemplo, un virus o una bacteria); genera anticuerpos, que son proteínas que nuestro sistema inmunitario produce naturalmente para luchar contra las enfermedades; recuerda la enfermedad y el modo de combatirla.

    Si, en el futuro, nos vemos expuestos al microbio contra el que protege la vacuna, nuestro sistema inmunitario podrá atacarlo rápidamente antes de que empecemos a sentirnos mal. En definitiva, las vacunas son una forma eficaz y segura de inducir una respuesta inmunitaria sin causar enfermedades.

    Nuestro sistema inmunitario está diseñado para recordar. Tras la administración de una o más dosis de una vacuna contra una enfermedad concreta, quedamos protegidos contra ella, normalmente durante años, décadas o incluso para toda la vida. Por eso las vacunas son tan eficaces: en vez de tratar una enfermedad cuando esta aparece, evitan que nos enfermemos.

    La mayoría de las vacunas se inyectan, pero otras se ingieren (vía oral) o se nebulizan en la nariz.

    Las vacunas protegen contra enfermedades al estimular al sistema inmunológico a que produzca anticuerpos contra ciertos virus o bacterias. Si no nos vacunamos, corremos el riesgo de contraer enfermedades graves como el sarampión, la meningitis, la neumonía, el tétanos y la poliomielitis, muchas de las cuales pueden ser discapacitantes y mortales. Según los cálculos de la OMS, las vacunas salvan la vida entre dos y tres millones de personas cada año.

    Aunque algunas enfermedades son actualmente poco frecuentes, los patógenos que las causan continúan circulando en todo el mundo o en partes de él. Hoy en día, las enfermedades infecciosas atraviesan fronteras con facilidad e infectan a las personas que no están protegidas.

    Las dos principales razones para vacunarse son protegernos a nosotros mismos y proteger a las personas que nos rodean. Puesto que no se puede vacunar a todas las personas —por ejemplo, no es recomendable para los recién nacidos, las personas gravemente enfermas y las que pueden presentar determinadas alergias—, al protegernos nosotros evitamos contagiarles enfermedades que se pueden prevenir mediante vacunación.

    Las vacunas protegen contra muchas enfermedades, entre ellas:

    • el cólera 
    • la difteria
    • la hepatitis B
    • la gripe
    • la encefalitis japonesa
    • el sarampión
    • la meningitis
    • las paperas
    • la tosferina
    • la neumonía
    • la poliomielitis
    • la rabia
    • las infecciones por rotavirus
    • la rubéola
    • el tétanos
    • la fiebre tifoidea
    • la varicela
    • la fiebre amarilla
    • el cáncer cervicouterino

    Actualmente se siguen desarrollando otras vacunas, y algunas de ellas ya se administran experimentalmente. Es el caso de las que protegen contra el ébola o contra el paludismo, que todavía no están disponibles en todo el mundo.

    Es posible que, en su país, no necesite todas estas vacunas. Algunas solo es necesario administrarlas en situaciones específicas: antes de viajar a determinados lugares, en las zonas de riesgo o cuando una persona corre un riesgo elevado de infectarse por motivos laborales. Los profesionales de la salud le informarán de las vacunas que necesitan usted y su familia.

    Prácticamente todo el mundo se puede vacunar.

    Sin embargo, la vacunación está desaconsejada o debe postergarse en situaciones específicas o cuando se presentan determinadas enfermedades orgánicas:

    • enfermedades o tratamientos crónicos (como la quimioterapia) que afecten al sistema inmunitario;

    • alergias graves o potencialmente mortales a componentes de las vacunas (cabe señalar que estas alergias son muy raras);

    • una enfermedad grave el día de la vacunación. Con todo, los niños que presentan una enfermedad grave el día de la vacunación deben ser vacunados en cuanto se encuentren bien. Las enfermedades de intensidad moderada y la fiebre baja no contraindican la vacunación.

    Aun así, estos factores suelen variar en función de la vacuna. Si no está seguro de que usted o su hijo/a pueden recibir una determinada vacuna, pregúntelo a los profesionales de la salud. Ellos le ayudarán a decidir acerca de su vacunación o de la de su hijo/a.

    En cuanto a las embarazadas, es importante que reciban aquellas vacunas que están recomendadas en el calendario nacional de vacunación en ese periodo de la vida para protegerse contra enfermedades que pueden causarle graves complicaciones. Las vacunas, además, protegen a sus bebés durante los primeros meses de vida cuando todavía no pueden recibir sus propias vacunas. Siempre será el profesional de salud quien le informará sobre las vacunas que necesita. Algunas vacunas están contraindicadas en el embarazo, pero, si la mujer lo necesita, se le pueden aplicar en el puerperio inmediato o previo al embarazo.

    Todos los componentes de las vacunas son importantes para garantizar su seguridad y su eficacia. Estos son algunos de ellos:

    • El antígeno: es una forma muerta o debilitada de un patógeno (por ejemplo, un virus o una bacteria) que prepara a nuestro organismo para reconocer y combatir una determinada enfermedad en el futuro.

    • Adyuvantes: ayudan a incrementar la respuesta inmunitaria y, así, facilitan la acción de las vacunas.

    • Conservantes: garantizan que la vacuna mantiene su eficacia.

    • Estabilizantes: protegen a la vacuna durante su transporte y almacenamiento.

    Algunos de los componentes que figuran en la etiqueta de las vacunas nos son desconocidos, pero muchos de ellos están presentes de forma natural en nuestro organismo, en nuestro entorno o en los alimentos que ingerimos. Para garantizar su seguridad, se hace un examen y un seguimiento integral de todas las vacunas y de sus ingredientes por separado.

    Las vacunas son seguras. Cada vacuna pasa por pruebas extensas antes de ser autorizada, y la seguridad de las vacunas se sigue monitoreando durante todo el tiempo que la vacuna esté en uso.

    Todas las vacunas autorizadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las distintas fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas con regularidad tras su comercialización. Además, los científicos hacen un seguimiento constante de la información procedente de diversas fuentes en busca de indicios de que causen efectos adversos.

    Es mucho más probable padecer lesiones graves por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, el tétanos puede ocasionar dolores muy intensos, espasmos musculares (por ejemplo, de músculos que se utilizan para masticar) y coágulos sanguíneos, mientras que sarampión puede inflamar el encéfalo (encefalitis) y causar ceguera. Muchas enfermedades prevenibles mediante vacunación nos pueden matar. Los beneficios de la vacunación superan con creces los riesgos a los que exponen, y sin vacunas habría muchos más casos de enfermedades y de defunciones.

    Como todos los medicamentos, las vacunas pueden causar efectos secundarios leves —por ejemplo, fiebre, dolor o enrojecimiento en el lugar de la inyección—, que desaparecen espontáneamente a los pocos días. Raramente producen efectos secundarios más graves o duraderos: la probabilidad de sufrir una reacción grave a una vacuna es de uno entre un millón. Las vacunas se someten a una vigilancia continua para garantizar su seguridad y detectar posibles efectos adversos, que son infrecuentes.

    Es imposible contraer la enfermedad que la vacuna trata de prevenir, a partir de cualquier vacuna fabricada con virus o bacterias muertos o solo con partes de virus o de bacterias. Solo en las vacunas preparadas con virus vivos debilitados (atenuados), como las de la varicela, o el sarampión, las paperas y la rubéola (la “triple viral”), existe la posibilidad de que un/a niño/a desarrolle una forma leve de la enfermedad. Pero casi siempre de mucha menor gravedad que la enfermedad que habría contraído si se hubiera contagiado con el virus real.

    La meta de las vacunas consiste en ayudar a mantener sanos a niños y niñas sanos. Puesto que la función de las vacunas consiste en proteger el cuerpo antes del ataque de la enfermedad, si espera a que su hijo/a se enferme, será demasiado tarde para que la vacuna pueda surtir efecto. El mejor momento para vacunar a los niños y las niñas es precisamente cuando están sanos.

    Pocas cosas en medicina son eficaces al 100%, pero las vacunas son una de nuestras armas más eficaces para luchar contra las enfermedades: funcionan entre el 85% y el 99% de los casos. Reducen considerablemente el riesgo de que su hijo/a contraiga enfermedades graves (sobre todo, cuanta más gente se vacune) y reducen las probabilidades de que las enfermedades arraiguen en una población.

    Es cierto que las probabilidades de que un niño o niña contraiga una enfermedad son bajas si todos los demás a su alrededor están vacunados. Pero también se exponen a personas que no pertenecen al ámbito cercano (ej. Familiar, escolar). Y, si una persona se plantea saltarse las vacunas, existe la posibilidad de que otras personas se estén planteando lo mismo. Cada niño o niña que no se vacuna ofrece una oportunidad más de propagación de las enfermedades que son altamente contagiosas.

    En su día a día, los niños y niñas pequeños pueden estar expuestos a enfermedades simplemente por estar en diversos lugares y en contacto con distintas personas. Ello representa un riesgo importante. En sus calendarios de vacunación, la OMS recomienda proteger lo antes posible a los lactantes y los/as niños/as pequeños. A menudo, en estas edades hay más riesgo de sufrir enfermedades porque el sistema inmunitario no se ha desarrollado por completo y el organismo tiene menos capacidad para combatir las infecciones. Por eso es tan importante vacunar a los niños en el momento recomendado para cada enfermedad.

    Una de las mejores formas de proteger a tu hijo es seguir el calendario de vacunas recomendado por el Ministério de la Salud (Minsal). A continuación, en el link está disponible el calendario nacional de vacunación vigente: https://www.minsal.cl/programa-nacional-de-inmunizaciones/

    Cada vez que retrases una vacuna, estarás aumentando la vulnerabilidad de tu hijo/a a la enfermedad. Muchas de las enfermedades que protegemos con las vacunas, se dan en edades tempranas, y si no vacunamos a nuestros hijos o retrasamos su vacunación, ellos estarán desprotegidos durante ese periodo, en el cual tienen su sistema inmunológico (las defensas) todavía inmaduro para hacer frente a las infecciones.

    Las vacunas son la razón por la que las enfermedades como el sarampión, las paperas y la hepatitis B ya no son comunes durante la infancia y aunque podría ser fácil suponer que esto significa que ya no son una amenaza, la verdad es todo lo contrario. Principalmente porque estas enfermedades todavía están presentes y son comunes en otras áreas del mundo y cuando no hay suficientes individuos vacunados contra estas enfermedades pueden reaparecer.

    Cuando dejemos de vacunar, las enfermedades volverán y se extenderán a través de nuestras comunidades. Y no estamos adivinando que esto sucederá, lo sabemos porque realmente hemos visto las consecuencias de la vida real en la salud pública en países que dejaron de inmunizar.

    Hay 4 razones en las pueden necesitar recibir varias dosis de una vacuna determinada con el fin de proporcionar una protección completa contra la enfermedad en cuestión.

    Razón 1- En ciertos casos una dosis no es suficiente para enseñar para la defensa completa contra la enfermedad, por lo que se necesitan múltiples dosis para crear una inmunidad más completa.

    Razón 2- Nuestras defensas contra ciertas enfermedades puede disminuir con el tiempo, en un sentido su sistema inmunológico comienza a olvidar contra lo que está protegiendo. Dosis adicionales después de un número de años puede recargar su inmunidad a esas enfermedades.

    Razón 3- Con algunas vacunas, una dosis no termina acumulando suficientes anticuerpos para combatir la enfermedad real si ataca. Por esta razón, dosis adicionales son necesarias para ayudar a su cuerpo a construir esa defensa para estar realmente protegido/a.

    Razón 4- Algunas enfermedades están en constante evolución, específicamente la gripe, lo que significa que de año en año su cuerpo necesita ser reinformado sobre cómo identificar y defenderse contra la gripe cada año para mantenerse al día con cómo cambia.

    Si se pierde el carnet de vacunas, se puede intentar recuperar la información de sitios oficiales o confiables. Se pueden revisar registros electrónicos provinciales, registros médicos, o copias en caso de haberlas entregado en instituciones como jardines o escuelas. Si no existe registro, se debe comenzar con el esquema nuevamente acorde a la edad de la persona.

    Si. Las vacunas pueden ser aplicadas aunque el niño tenga resfrío o diarrea. Las infecciones respiratorias y diarreas leves no impiden la vacunación, salvo en los casos en que esté contraindicado. Afecciones leves a moderadas, no febriles, de cualquier tipo, no constituyen contraindicación. Muchas veces los planes no se cumplen, se interrumpen o fracasan por considerar, erróneamente, que la vacunación no se debe realizar ante la presencia de enfermedades comunes u otros procesos ante los cuales es recomendable consultar al médico para no perder la oportunidad de vacunar.

    No, para cada etapa de la vida corresponde la aplicación de diversas vacunas. Por ejemplo, la primera vacuna, contra la hepatitis B, se aplica durante las primeras 12 horas de vida. Además, antes del egreso de la maternidad se aplica también la BCG. Como algunas vacunas aplicadas durante la infancia pierden su eficacia con el tiempo, durante la adolescencia y adultez deben aplicarse dosis de refuerzo, así como también existen vacunas que tienen indicación precisa durante esta etapa. A continuación, en el link está disponible el calendario nacional de vacunación vigente: https://www.minsal.cl/programa-nacional-de-inmunizaciones/

    La gripe es una enfermedad grave que mata cada año entre 300.000 y 650.000 personas. Hay grupos que corren más riesgo de sufrir síntomas graves e, incluso, de fallecer, como las embarazadas, los niños pequeños, los ancianos y las personas que presentan enfermedades crónicas, como el asma y determinadas cardiopatías. Las vacunas contra la gripe estacional proporcionan inmunidad contra las cepas más prevalentes que circulan cada temporada. Son el mejor método para reducir las posibilidades de presentar una gripe de gravedad y contagiarla a otras personas, y se utilizan desde hace 60 años sin causar problemas.

    Se ha demostrado científicamente que administrar varias vacunas al mismo tiempo no causa efectos negativos y por el contrario evita oportunidades perdidas de vacunación. Son muy pocas las excepciones que se tendrán en cuenta por el profesional de la salud.

    Cuando se administra a un niño una vacuna combinada (por ejemplo, contra la difteria, la tosferina y el tétanos) se reduce el número de inyecciones y se le causa menos malestar. Además, se garantiza que recibe las vacunas que necesita en el momento adecuado para no exponerlo al riesgo de contraer enfermedades potencialmente mortales.

    Tu pediatra o profesional de la salud de confianza debe informarte cuándo ponerle las próximas dosis. También puedes consultar el Calendario Nacional de Vacunación como una guía: https://www.minsal.cl/programa-nacional-de-inmunizaciones/

    Es ideal mantenerse al día con las vacunas y no atrasar los esquemas ya comenzados. Consulta siempre con tu médico cuales son las recomendaciones de salud al bebé.

    En muchas prácticas médicas, el registro de vacunas de tu hijo/a se ingresa en un sistema electrónico de registros. Es importante que también mantengas registros en tu hogar, por lo que debes asegurarte de pedir un carnet de vacunas o una copia impresa de las vacunas de su hijo. Lleva tu copia del registro a todas las citas médicas. Cada vez que tu hijo/a reciba una vacuna, asegúrate de que se actualice tu copia. Tu hijo/a se beneficiará de tener un registro de vacunación preciso durante toda la vida.

    Si tu bebé no recibe algunas dosis, no hace falta volver a darle las dosis que ya recibió. Tu pediatra o profesional de la salud solo le indicará las dosis que le falten recibir.

    Si te encuentras en una región o comuna en cuarentena, puedes solicitar un permiso en la comisaria virtual a través del link: https://comisariavirtual.cl/. El permiso se otorga a las personas que poseen citas medicas con hora agendada o necesitan acudir a un centro medico en situación de emergencia.

    El permiso que se debe solicitar es el: Permiso Temporal Individual - Permiso Temporal para asistir a centros de salud.

    Debe tener en consideración que la duración de este Permiso Temporal tendrá una validez de 03 horas.

    Solo podrá registrar a un acompañante, el cual deberá registrar con su RUN y Nombre completo.

    En caso que utilice este permiso para asistir a una hora médica, deberá portar y presentar el mismo comprobante que se adjunta, ya que será requerido por el personal policial o militar que se encuentre realizando el control en terreno.

    No será válido en horario de toque de queda.

    ADVERTENCIA: Cualquier persona que se encuentre bajo alguna restricción sanitaria que implique aislamiento o cuarentena, por ser paciente confirmado con diagnóstico COVID19, EN ESPERA DE RESULTADOS DE EXÁMENES COVID19 Y/O PROVENIENTES DEL EXTRANJERO, no puede solicitar y/o tramitar Salvoconducto y/o Permiso Temporal alguno.

    En su día a día, los niños y niñas pequeños pueden estar expuestos a enfermedades simplemente por estar en diversos lugares y en contacto con distintas personas. Ello representa un riesgo importante. En sus calendarios de vacunación, la OMS recomienda proteger lo antes posible a los lactantes y los/as niños/as pequeños. A menudo, en estas edades hay más riesgo de sufrir enfermedades porque el sistema inmunitario no se ha desarrollado por completo y el organismo tiene menos capacidad para combatir las infecciones. Por eso es tan importante vacunar a los niños en el momento recomendado para cada enfermedad.

    Una de las mejores formas de proteger a tu hijo es seguir el calendario de vacunas recomendado por el Ministério de la Salud (Minsal). A continuación, en el link está disponible el calendario nacional de vacunación vigente: https://www.minsal.cl/programa-nacional-de-inmunizaciones/

    Cada vez que retrases una vacuna, estarás aumentando la vulnerabilidad de tu hijo/a a la enfermedad. Muchas de las enfermedades que protegemos con las vacunas, se dan en edades tempranas, y si no vacunamos a nuestros hijos o retrasamos su vacunación, ellos estarán desprotegidos durante ese periodo, en el cual tienen su sistema inmunológico (las defensas) todavía inmaduro para hacer frente a las infecciones.

Siempre ante cualquier duda consulta a tu médico o pediatra.

MAT-CL-2100021-V1-01/2021